La historia de P.1, como la de otros personajes de ficción, es una historia que empieza en un pensamiento. Es decir, en la cabeza de un creador. Se trata de una historia que, como la de otros personajes de ficción, está llena de circunstancias fortuitas e inesperados giros del destino. Es decir, de los meandros por los que, a lo largo de una vida, transcurre la existencia de todos nosotros. De modo que la historia de P., como la de otros tantos personajes de ficción, no se puede decir que sea una historia lineal. Ni tampoco uniforme o unidireccional. Es una historia que, al igual que la de cualquiera de nosotros o la de aquellos personajes de ficción que nacen en un pensamiento y se desarrollan en el interior de la cabeza de un creador, no se puede distanciar de la persona que la escribe, narra o traza. Es decir, de aquel que la dibuja. O sea, de su creador.
Considerando que un dibujo es a su artífice lo que un hijo a sus padres -es decir, una secuela; una consecuencia, derivación o corolario - frente a un dibujo se puede acceder a la idiosincrasia de su creador.
Ahora bien, puesto que las posibilidades que nos ofrece un dibujo son tan amplias como sus circunstancias o giros del destino, frente a un dibujo –como frente a cualquier cosa- no se puede empezar si no por donde todo comienza. Es decir, por el principio. O, lo que es lo mismo, por la primera impresión que despierta un dibujo sin pensar especialmente en algo, sin interpretar nada y en función de la impresión que causa o las emociones que despierta. De modo que es por ello como frente a un dibujo –como a frente a cualquier cosa- lo primero que nos preguntamos es acerca de las sensaciones que moviliza.
De aquellas sensaciones que como la alegría, la tristeza, la paz, el nerviosismo, el placer, la frustración, la salud, la enfermedad, la libertad, la represión, etc., nos permiten acceder a ese rico mundo de contenidos y mensajes que, en el fondo, siempre representa una expresión gráfica. Cualquier tipo de expresión gráfica. Sería, por decirlo de algún modo, un primer intento de captar la esencia. O la particularidad de quien realizó el dibujo. Es decir, el interior de su creador.
Si pensáramos que, además de abrigar una esencia, un dibujo no es nada más, sería imposible llegar más lejos. Nos deberíamos quedar aquí. Pero no, un dibujo es algo más. Y a ello –como a cualquier cosa- se accede como a todo. Es decir, preguntándose. Quizás por algo nuevo. Quizás por algo distinto. Aunque siempre vinculado al sujeto que nos ocupa. En este caso, un dibujo. Es así como, por ejemplo, nos podemos preguntar por el tamaño que tiene un dibujo, el lugar que ocupa en la superficie de un plano, el tipo de trazo que lo realizó, la presión o fuerza que, quien lo hizo, le imprimió a su trazo, los colores que utilizó, porqué los utilizó, qué tipo de dibujo hizo, cómo lo hizo, qué creemos que
intenta expresar o bien, ¿escribió algo?, ¿no lo hizo?, ¿borró?, ¿encuadró?, y su trazo, ¿es firme?, ¿dubitativo?, ¿sereno?... Si, la lista puede ser tan larga como nosotros queramos. Pero lo más importante es conseguir una cosa: captar el máximo de elementos significativos de un dibujo para tener sobre la mesa la mayor cantidad de información. Porque es así -y sólo así-, como intentando integrar todos estos elementos para darle al dibujo una lógica y una coherencia, se penetra en la fase más compleja de lo que implica su comprensión. Es decir, su análisis. O, lo que es lo mismo, la autopsia de un trazo que al expresar tantas cosas como ojos lo ven, depende de la capacidad de cada uno –es decir, de quien lo analiza- poder entender lo que está diciendo. O, cuanto menos, creer que se entiende.
La historia de P., como la de otros tantos personajes de ficción, es la historia de alguien cuya existencia es una confluencia de experiencias.
Porque se trata de una historia que, como la de cualquiera de nosotros, también se explica por la historia de los demás. Es decir, por la vida y obra de quienes, por las razones que sean, trazan los puntos por los que pasa la existencia de quien la escribe. Es decir, la vida de su creador. De modo que la historia de P., como la de cualquiera de nosotros, es una historia que abriga las historias de las que se vale su creador para explicarnos la suya. Sería, por decirlo de algún modo, una especie de relato esteganográfico2. O un relato oculto o semi secreto del que sólo se conoce el nombre de quien lo escribe. Es decir, P. o... esa chica de media melena, que no es demasiado alta, que casi siempre viste con faldas, que algunas veces aparece escribiendo, que muchas otras aparece sentada, que también ha sido vista como una escultura de madera, que a menudo aparece pensativa, pero también aburrida o solitaria, que le gusta salir y compartir experiencias, que vive en compañía de sus sueños y fantasmas, que se lo puede beber todo para luego contarlo, que se parece tanto a Pinocho3 como una gota de agua a otra, que tiene una imaginación desbordante. Es decir, una chica en cuya vida todas las historias son posibles. O una chica en cuya vida todas las historias son verídicas.
Pero P. -es decir, la protagonista de nuestra historia- es también el nombre de la letra con la que empieza un nombre: Pauline4, es decir, el nombre de su creadora. Ahora bien, aunque sobre la base de su parecido con Pauline, se sospeche que P. podría ser Pauline, hay algo en su personaje que lucha por salir. Es decir, por independizarse de ella. Y es que si bien es Pauline quien dibuja a P., P. no hace lo propio con su artífice Pauline. Se limita a dibujar lo que la sostiene en todo momento. Es decir, su enorme y rico universo de referentes culturales que, cual vestigio de una arqueología sentimental, es el que alimenta su existencia a través de unos dibujos que siempre empiezan del mismo
modo: con Pauline sentada junto a una mesa y pensando cómo P. va a dibujar lo que piensa. O en cómo es posible que de su razón puedan emanar todo tipo de sueños. O cómo el sueño de la razón produce monstruos5.
Cinco aventuras de P. son cinco historias ilustradas a través de las cuales su artífice –es decir, Pauline- nos remite al mundo de un personaje inventado: P. Se trata de un personaje de ficción cuya vida, como la de cualquier otro personaje de ficción, parte de la realidad para adentrarse en el interior de otro mundo. En el mundo de los sueños, deseos, sentimientos y vivencias. Es decir, en ese mundo que, como el de Pauline, se nutre de la experiencia para que P. pueda
existir. Cinco aventuras de P. son cinco episodios en los que P. se presenta como sigue: enmarcada en un friso como una heroína de una canción pop –November Song-, como aquel personaje de Echoesland que, desde sus páginas centrales, dibuja un listado de nombres propios –De Lucas Marti a Fleur Noguera-, como un muñeco articulado similar a Pinocho junto a la serie de dibujos Retour au nord II, como un personaje de cómic evolucionando entre las páginas de Striptis o perdida y escondida frente a una mesa de orientación de una cartografía mental llamada Viaje a Gijón.
Como también pasa en la realidad, la vida contada es como una especie de sampler6. De modo que no es extraño que, frente a un dibujo de
Pauline, nos sintamos impelidos a viajar entre referentes. Aquellos por los que transcurre su vida interior. Es decir, la vida de P. O sea, la vida de ese personaje creado por Pauline sobre la base de un universo tan personal como el de los elementos que configuran su cultura y sus vivencias. Ese universo en el que, sin solución de continuidad, se dan
la mano todo tipo de personajes: reales, soñados o idolatrados7. Es decir, personajes de la vida o la ficción aunados para dibujar el interior de un universo mental. Y es que la obra de Pauline, más que abogar por la fantasía, rodea esa línea por la que transcurre la vida de un personaje. Tan real como se quiera.
La historia de P., como la de cualquiera de nosotros –es decir, como la de cualquier personaje de ficción-, es la historia de un ser encandilado con sus recuerdos. Es decir, la historia de alguien cuya vida se entiende a través de la de los demás. O entendiendo cómo es su relación con la historia de los demás. Es decir, entendiendo cómo fueron las de aquellos en quien Pauline –o cualquiera de nosotros- se detuvo para quedarse con la parte que más le impresionó. De modo que la de P., como la de cualquiera de nosotros, es la historia de alguien que teje su vida a partir de retazos. De citas, recuerdos, fragmentos e impresiones que forman el poso sobre el que duerme cada uno de nosotros. Es decir, de momentos especiales. De esos momentos de los que renegar sería poco menos que negarse a uno mismo. De modo que la historia de P. es, como la de cualquiera de nosotros, la historia de una afirmación. Porque en el fondo es así: somos lo que somos.
La historia de P., como la de cualquiera de nosotros –es decir, como la de cualquier personaje de ficción-, es la historia de alguien que no sólo inventa para contarla. También es la historia de quien, además, la dibuja. De modo que la historia de P., como la de otros tantos personajes de ficción, es la historia de Pauline contada por quien, sin ser ella, nos habla de P. O del trazo que rebela quien se esconde detrás. Es decir, Pauline.
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1. Personaje nacido en 2004 en Echoesland, un cómic con guión de Pauline Fondevila y dibujos de François Olislaeger.
2. La palabra esteganografía significa literalmente escritura encubierta.
Es el arte o ciencia de comunicar un mensaje de manera oculta. La esteganografía (del griego steganos = encubierto, oculto, secreto y graphos = texto o dibujo) tiene su fuerza en el desconocimiento de que el mensaje existe.
3. Personaje de ficción nacido en 1881 de la mente de Carlo Collodi (1826-1890), seudónimo del periodista florentino Carlo Lorenzini.
Aunque Pinocho aparece por primera vez en el semanario para niños Giornale per i Bambini en el marco de ‘Storia di un Burattino’ (`Historia de una marioneta’) no es hasta 1883 cuando se publican ‘Las aventuras de Pinocho’ reuniendo las series de este muñeco publicadas entre 1882 y 1883 e ilustradas por Enrico Mazzanti. Convertido rápidamente en un clásico de la literatura infantil y en ejemplo de lo que puede pasar si se miente, Pinocho ha hecho más de veinte películas.
Entre ellas, la edulcorada versión perpetrada por Disney en 1940, la de Luigi Comencini en 1972 o, más recientemente, la dirigida y protagonizada por el incombustible Roberto Benigni en 2002. Por bien que el final de la historia de Pinocho se escribe cuando el muñeco se convierte en un niño de verdad, cabe señalar que, en su versión original, Pinocho muere ahorcado por las faltas que comete. A pesar de todo, hoy su historia está considerada como una alegoría de la sociedad contemporánea.
4. Pauline Fondevila. Artista nacida en Le Havre en 1972. Vive y trabaja en Barcelona. Como se afirma en diversas fuentes, su obra además de fundamentarse en el trabajo de otros artistas, cineastas, escritores, críticos de arte, músicos, etc. se basa en la instalación, la escultura y el dibujo combinando referentes culturales como el cómic, la música
pop, el cine de la nouvelle vague, etc… Es decir, que su obra es una suerte de cajón de sastre donde la artista almacena las citas con las que construye su complejo universo. Se dice también que su obra es un remake, una apropiación, una redirección, un sueño o un delirio. Yo, personalmente, creo que la de Pauline Fondevila, es una obra que, por encima de todo, refleja el deseo de compartir. Es por ello que no reniega de las fuentes donde bebe. Que reinterprete, desoriente, mezcle o separe, es algo normal ya que todos partimos de algo. Lo difícil es ir hacia alguna parte y todavía más conseguir dibujar un camino. De modo que, para mí, la obra de Pauline es esto: el camino que conduce hacia ese mundo que la artista comparte con el espectador. Su trabajo también se inspira en la música y en el método que se utiliza para la creación de canciones.
5. Título del opresivo mundo de pesadilla protagonizado por brujas y seres demoníacos que Francisco de Goya pone a la venta en 1799. Aparece a partir de la estampa número 43 de su famosa serie Los Caprichos. Se trata de una serie de 80 grabados realizados entre 1793 y 1796 ejecutados empleando aguafuerte y aguatinta y a través de los cuales su autor critica con mordacidad la sociedad española de la Ilustración.
Nada se salva a su mirada. En esta serie se ve como el pintor, rendido sobre su mesa de trabajo, se halla rodeado de animales, monstruos y fantasmas. Se dice que quería indicar cómo la razón libera sus fantasmas durante el sueño a través del subconsciente. Otros dicen que a través de sus estampas el artista pretendía desenmascarar todos los monstruos de la sociedad, destacando el poder de la razón sobre las tinieblas de la ignorancia. Es decir, la filosofía característica del pensamiento ilustrado. Y hay quien considera a Goya como antecedente del Surrealismo. Nace en Fuentetodos, Zaragoza, en 1746 y muere en Burdeos, Francia, en 1828. Tenía 81 años.
6. Nombre que se le da al principal responsable de la revolución electrónica de los años 90. Del inglés sample (muestra), el sampler se trata de una máquina maravillosa capaz de convertir cualquier sonido registrado –una puerta, un grito, el claxon de un coche- en notas musicales tan maleables como las de un piano o una guitarra. El primer aparato de sampling que hubo fue el Fairlight. Luego vinieron otros.
Por extensión se dice que quien samplea es quien construye algo a partir de material hecho. Y yo me pregunto ¿Quién no lo hace? El sampler también es conocido como la técnica del recorte y pega. Es decir, el collage de toda la vida.
7. Gilbert & George, una canción, François Truffaut, Maurizio Cattelan, Los Planetas, On Kawara, Little Nemo, el Bosco, Jeff Wall, Carlo Collodi, Windsor McCay, Lewis Carroll, Enrique Vila-Matas, otra canción, Bruce Nauman, Bruno Peinado, Piero Manzoni, Bertrand Lavier, un asno, Stephen Wilks, Superman, Edward Hopper, Ange Leccia, otra
canción, Jean-Luc Godard, Pierrot le fou, Jérôme Ruby, Francisco de Goya, Carlos Gardel, un cowboy, Richard Prince, Jim Jarmush, Emilie Lamoine, otra canción, Valie Export, Lucas Marti, Félix González-Torres, Henry Darger, Art Spiegelman, otra canción, Jean Seberg, Nacho Vegas, Francesc Ruiz y un largo etcétera.





