Œuvre(s) relative(s) :
LOS DIBUJOS DE LA ISLA
Aislarse con otros
- sobre Conferencia para una isla, un proyecto de Pauline Fondevila con la colaboración de Agustín González -
corresponsal Cecilia Lenardón
Las islas también son retazos de tierra. En algún momento ellas también se extraviaron y no supieron volver a casa.
Armar una maqueta para perseguir pensamientos. Los camalotes se agrupan para no perderse.
Volverse un expedicionario de las mil estaciones posibles de la propia memoria. Verlas, como pasa en los sueños. Es que tenemos un mecanismo psíquico que se divierte con nosotros, los sueños no son más que pensamientos contados mediante imágenes. Son traducciones muchas veces inverosímiles, insólitas, si se las lee desde el sillón de la cordura. Sin embargo, si se las deja discurrir, si uno sólo se deja llevar -como los camalotes y las islas-, las imágenes comienzan a contar historias por sí mismas. Las imágenes dicen, literalmente.
Y eso hicimos todos, nos dejamos llevar. Nos embarcamos en la historia que los pensamientos de Pauline Fondevila decidieron contar en imágenes.
Y montamos toda la escenografía, el como si, y nos pusimos de acuerdo en convertirnos en cómplices de nuestro propio naufragio. Naufragar planificadamente. Testimoniar un naufragio. Sostener lo paradojal. Aislarse con otros.
Es ponerle voz y palabras lo que muchas veces hacen los analistas cuando los pacientes no pueden decir nada, cuando no tienen más que imágenes.
Agustín González naufragó por Pauline, y hasta se dejó la barba y unos cuantos habanos. Ella le dijo – Toma, es todo lo que tengo. Y él tiene unas preciosas botas de lluvia, no lo atemorizaba hundir los pies en el fondo de un río que no deja ver nada.
Y así como construyó una mesa y su asiento con los retazos de los troncos vencidos, también construyó una historia que perseguía la línea que Pauline había trazado.
Y convocaron a muchos mirones para que quede registro, pero un registro que estuviese lejos de cualquier intento infructuoso de objetividad. Lejos de todo, lejos de ti.
Registrar desde un lugar distinto a un escritorio y una pila de papeles, registrar desde abajo del agua, desde lo turbio, confundir el grito de una jauría con el despertador, convertir la experiencia, traducirla al chillido de la madera flotando en el agua, a la marca que dejó en la arena el suspiro del último tripulante.
Nada de quick, cámara, click, flash.
Fondevila con F, ésa fue el ancla desde donde Agustín González encalló para extraviarse. Y sus merodeos, sus vaivenes, armaron una ciclopaedia ficcional, fatídica, fragmentaria, fangosa, fósil, filosa.
Porque el ánimo es adentrarse en la maleza, buscar un pequeño claro entre los montículos de monte apiñado. Tener un momento de lucidez.
Rescatar del naufragio mis nombres importantes, empeñarme en no olvidar la letra de esa canción, tararearla mientras nado en busca de la imagen del sombrero que usé para nuestra primer cita.
Estar lejos del terreno firme, de la prosa aprendida de memoria. Pauline cruza los dedos y se tira al agua pestilente. Cuando se es isla, uno siempre tiene una Costa que lo esté esperando.





