Exposición :
Una extraña mañana de febrero en Gijón (Part I) • Galerie Sollertis
“Te buscaré con la mente, aunque no te alcance a ver”
Nacho Vegas. Al norte del norte, 2001
Pese a no mantener una relación aparente e inmediata, las canciones de Nacho Vegas y el trabajo artístico de Pauline Fondevila muestran ciertos paralelismos conceptuales y emotivos. Ya sea desde la música o el dibujo, desde la narración sonora o el relato visual, ambas producciones parten de la creación voluntaria y consciente de un personaje ficticio en el que se enmarcan todas las acciones e historias planteadas por el autor. Es decir, dos posiciones capaces de construir un imaginario no-autobiográfico a la vez que ofrecer una fuerte implicación personal.
De tal modo, la simplicidad del formato canción o la precariedad y desnudez del dibujo, permiten - tanto al músico como al dibujante - una dualidad constante entre artista y personaje, entre realidad y ficción; un recurso narrativo no-lineal que potencia ciertos códigos de aproximación para/con el receptor a partir de la complicidad y la distancia.
Una extraña mañana de febrero en Gijón,, exposición monográfica de Pauline Fondevila - con título extraído de una canción de Nacho Vegas - se sitúa en este terreno fronterizo para mostrar, desde la apropiación delirante de referentes artísticos, musicales o literarios que caracteriza su trabajo, toda una serie de cartografías emotivas que establecen múltiples posibilidades de lectura y conocimiento. Más allá de la práctica del dibujo, y en contacto directo con la tradición imaginaria de autores como Carlo Collodi, Windsor McCay, Lewis Carroll o el propio Nacho Vegas, la muestra recoge otros formatos de presentación (hasta ahora poco habituales en su trayectoria) con el objetivo de evidenciar de manera plural el mundo creado a partir de P., auténtica protagonista de los dibujos de Pauline Fondevila: una pequeña chica que, desde la intimidad de su escritorio, piensa y “vive” todo un complejo sistema de relaciones y experiencias únicas. Un entorno ficticio que no puede interpretarse como real, pero que tampoco permite una desconexión total de dicha realidad.
En este sentido, Una extraña mañana de febrero en Gijón, refleja la constante evolución de la mitología personal de Pauline Fondevila. Un proceso cercano en muchos momentos a la labor minuciosa del cartógrafo obsesivo o del miniaturista medieval, que adquiere ahora nuevas estructuras formales paralelas a la bidimensionalidad del dibujo. La escultura en madera de la mismísima P., así como los objetos tridimensionales que parecen escaparse de la superficie del papel, invitan a una nueva lectura emotiva - en este caso espacial, casi arquitectónica – alrededor de su trabajo; un discurso como siempre basado en la libertad de actuación implícita en el simple acto de pensar. En definitiva, un microcosmos artificial y autónomo en el que la “búsqueda con la mente” funciona como vehículo de interpretación sobre todo aquello que nos rodea y define.





